¡Relájate!

Los estudios médicos han demostrado que el estrés prolongado y un pensamiento negativo crónico pueden afectar el sistema inmunológico; y que las personas con una actitud positiva ante la vida se enferman menos. Por eso, te vamos a dar unas cuantas herramientas para que bajes tus niveles de estrés y seas más feliz.

A menos que seas un monje budista o vivas como ermitaño, lo más probable es que en algún momento de tu vida te sientas muy estresado. Y está bien, es normal. El estrés es una respuesta fisiológica y física a las siempre cambiantes exigencias de la vida cotidiana. Las causas son casi infinitas, pues dependen de cada persona, pero lo bueno de esta situación es que puedes aprovechar el sistema de alarma que tu cerebro tiene incorporado para identificar cuáles son las causas más comunes de estrés.

En una situación de estrés, el cuerpo libera ciertas hormonas que incrementan tu capacidad de respuesta, un mecanismo que se conoce como respuesta “defensa o huida” (el término fight or flight en inglés nos gusta por pegajoso). Una vez que la amenaza desaparece, tu cuerpo debería regresar a un estado normal, relajado; pero desafortunadamente, la vida moderna nos mantiene en un estado de estrés constante en el que este sistema de alarma rara vez se apaga. Y ahí precisamente radica la importancia de saber manejar el estrés. Si no aprendes a manejarlo, tu cuerpo vive en un estado permanente de alerta y, con el tiempo, esto puede conducir a serios problemas de salud.

Que no te controle

El primer paso para controlar el estrés es hacer del manejo de éste un objetivo constante y monitorear tus niveles de estrés frecuentemente. Después, necesitas identificar tus disparadores. ¿Qué situaciones son las que más te estresan? Algunas causas son fáciles de identificar, por ejemplo las presiones en el trabajo, problemas en relaciones interpersonales o dificultades financieras. Pero hay otros factores como pasar muchas horas en el tránsito -¿te suena familiar?-, recoger a los niños de la escuela o trabajar demasiado, las cuales también pueden contribuir a elevar tus niveles de estrés.

Paradójicamente, los eventos positivos también pueden ser estresantes. Si te casas, tienes un nuevo trabajo y compras una nueva casa en el mismo año, lo más probable es que tu nivel de estrés sea alto. Por ello, si bien es cierto que las situaciones negativas son las que usualmente nos estresan más, es importante ser conscientes de que las positivas también pueden hacerlo. Una vez que hayas identificado cuáles son tus disparadores de estrés, podrás comenzar a pensar en estrategias para lidiar con ellos. Identificar qué aspecto de una situación puedes controlar es un buen punto de partida.

Por ejemplo, si tienes dificultades para conciliar el sueño porque estás muy estresado, la solución podría ser tan simple como apagar la televisión cuando las noticias de la tarde sean muy inquietantes (que es casi siempre). Otras veces, como cuando trabajas muchas horas o cuando alguien que quieres está enfermo, lo único que podrás cambiar es cómo reaccionas ante la situación. Y no tienes que lidiar solo con esta situación, busca ayuda y apoyo entre tus familiares y amigos. Para empezar, podrías preguntarles qué técnicas de control de estrés usan ellos.


Técnicas de relajación

Estas son una parte esencial del manejo del estrés. Si eres alguien que se esfuerza mucho (un overachiever) es probable que relajarse sea algo que ocupe los lugares más bajos en tu lista de prioridades, o que el término ni siquiera entre en tu vocabulario. Pero no te engañes, todo el mundo necesita relajarse y recargarse. Por eso, la relajación es invaluable para mantener la salud y el bienestar, así como reparar el daño que el estrés hace a nuestros cuerpos y mentes.

Muchas personas controlan su nivel de estrés usando técnicas como la respiración profunda, masajes o la práctica de tai chi o yoga. Otros meditan o pasan un tiempo al aire libre, disfrutando la naturaleza o practicando deportes de conjunto; vamos, sal a correr si eso te funciona. No importa qué técnica escojas, lo que sí es importante es que elijas una que te funcione y que la practiques regularmente.

No, el estrés no va a desaparecer de tu vida y el manejo de éste no es algo que se aprenda de un día a otro. Pero con una práctica continua y la incorporación de la resiliencia en tu vida, podrás aprender a manejar tus niveles de estrés e incrementar tu capacidad para lidiar con los retos que se te presenten.

Efectos del estrés
Los síntomas del estrés pueden afectar tu cuerpo, pensamientos y sentimientos, así como tu conducta. Ser capaz de reconocer estos síntomas comunes de estrés te puede ayudar a controlarlos, pues el estrés que no se atiende puede crear problemas de salud como alta presión arterial, enfermedades cardiacas, obesidad y diabetes.

Efectos comunes del estrés en…

Tu cuerpo

Tu humor

Tu conducta

     
Dolor de cabeza Ansiedad Comer de más o de menos
Tensión muscular o dolor Inquietud Estallidos de enojo
Dolor en el pecho Falta de motivación o enfoque Abuso de drogas o alcohol
Fatiga Irritabilidad o enojo Tabaquismo
Disminución del deseo sexual Tristeza o depresión Aislamiento social
Enfermedades estomacales
Problemas para dormir

 

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Los estudios médicos han demostrado que el estrés prolongado y un pensamiento negativo crónico pueden afectar el sistema inmunológico; y que las personas con una actitud positiva ante la vida se enferman menos. Por eso, te vamos a dar unas cuantas herramientas para que bajes tus niveles de estrés y seas más feliz.

A menos que seas un monje budista o vivas como ermitaño, lo más probable es que en algún momento de tu vida te sientas muy estresado. Y está bien, es normal. El estrés es una respuesta fisiológica y física a las siempre cambiantes exigencias de la vida cotidiana. Las causas son casi infinitas, pues dependen de cada persona, pero lo bueno de esta situación es que puedes aprovechar el sistema de alarma que tu cerebro tiene incorporado para identificar cuáles son las causas más comunes de estrés.

En una situación de estrés, el cuerpo libera ciertas hormonas que incrementan tu capacidad de respuesta, un mecanismo que se conoce como respuesta “defensa o huida” (el término fight or flight en inglés nos gusta por pegajoso). Una vez que la amenaza desaparece, tu cuerpo debería regresar a un estado normal, relajado; pero desafortunadamente, la vida moderna nos mantiene en un estado de estrés constante en el que este sistema de alarma rara vez se apaga. Y ahí precisamente radica la importancia de saber manejar el estrés. Si no aprendes a manejarlo, tu cuerpo vive en un estado permanente de alerta y, con el tiempo, esto puede conducir a serios problemas de salud.

Que no te controle

El primer paso para controlar el estrés es hacer del manejo de éste un objetivo constante y monitorear tus niveles de estrés frecuentemente. Después, necesitas identificar tus disparadores. ¿Qué situaciones son las que más te estresan? Algunas causas son fáciles de identificar, por ejemplo las presiones en el trabajo, problemas en relaciones interpersonales o dificultades financieras. Pero hay otros factores como pasar muchas horas en el tránsito -¿te suena familiar?-, recoger a los niños de la escuela o trabajar demasiado, las cuales también pueden contribuir a elevar tus niveles de estrés.

Paradójicamente, los eventos positivos también pueden ser estresantes. Si te casas, tienes un nuevo trabajo y compras una nueva casa en el mismo año, lo más probable es que tu nivel de estrés sea alto. Por ello, si bien es cierto que las situaciones negativas son las que usualmente nos estresan más, es importante ser conscientes de que las positivas también pueden hacerlo. Una vez que hayas identificado cuáles son tus disparadores de estrés, podrás comenzar a pensar en estrategias para lidiar con ellos. Identificar qué aspecto de una situación puedes controlar es un buen punto de partida.

Por ejemplo, si tienes dificultades para conciliar el sueño porque estás muy estresado, la solución podría ser tan simple como apagar la televisión cuando las noticias de la tarde sean muy inquietantes (que es casi siempre). Otras veces, como cuando trabajas muchas horas o cuando alguien que quieres está enfermo, lo único que podrás cambiar es cómo reaccionas ante la situación. Y no tienes que lidiar solo con esta situación, busca ayuda y apoyo entre tus familiares y amigos. Para empezar, podrías preguntarles qué técnicas de control de estrés usan ellos.


Técnicas de relajación

Estas son una parte esencial del manejo del estrés. Si eres alguien que se esfuerza mucho (un overachiever) es probable que relajarse sea algo que ocupe los lugares más bajos en tu lista de prioridades, o que el término ni siquiera entre en tu vocabulario. Pero no te engañes, todo el mundo necesita relajarse y recargarse. Por eso, la relajación es invaluable para mantener la salud y el bienestar, así como reparar el daño que el estrés hace a nuestros cuerpos y mentes.

Muchas personas controlan su nivel de estrés usando técnicas como la respiración profunda, masajes o la práctica de tai chi o yoga. Otros meditan o pasan un tiempo al aire libre, disfrutando la naturaleza o practicando deportes de conjunto; vamos, sal a correr si eso te funciona. No importa qué técnica escojas, lo que sí es importante es que elijas una que te funcione y que la practiques regularmente.

No, el estrés no va a desaparecer de tu vida y el manejo de éste no es algo que se aprenda de un día a otro. Pero con una práctica continua y la incorporación de la resiliencia en tu vida, podrás aprender a manejar tus niveles de estrés e incrementar tu capacidad para lidiar con los retos que se te presenten.

Efectos del estrés
Los síntomas del estrés pueden afectar tu cuerpo, pensamientos y sentimientos, así como tu conducta. Ser capaz de reconocer estos síntomas comunes de estrés te puede ayudar a controlarlos, pues el estrés que no se atiende puede crear problemas de salud como alta presión arterial, enfermedades cardiacas, obesidad y diabetes.

Efectos comunes del estrés en…

Tu cuerpo

Tu humor

Tu conducta

     
Dolor de cabeza Ansiedad Comer de más o de menos
Tensión muscular o dolor Inquietud Estallidos de enojo
Dolor en el pecho Falta de motivación o enfoque Abuso de drogas o alcohol
Fatiga Irritabilidad o enojo Tabaquismo
Disminución del deseo sexual Tristeza o depresión Aislamiento social
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